John O’Leary

John O'Leary served as U.S. ambassador to Santiago from August 1998 to June 2001—a period of time that overlapped with the dramatic arrest and protracted detention of General Augusto Pinochet in London, as well as the initial legal proceedings against the former dictator after he returned to Chile.  During that time, he not only lent his support for the declassification of U.S. documentation on Pinochet’s repression but pushed the State Department to post thousands of those records on the worldwide web, making them readily accessible to Chileans, U.S. citizens and the global community.  In contrast to some of his predecessors who shunned human rights victims in favor of the Pinochet regime, Ambassador O’Leary opened the doors of the Embassy to those working to secure justice for the regime’s human rights violations.  In December 2000 he, and his talented and gregarious wife, Patricia Cepeda, welcomed Joyce Horman to the residency to discuss her case.   As journalist Marc Cooper wrote, “O’Leary was the best of faces that America can and should put forward to the world.” 

The former mayor of Portland, Maine, O’Leary was nominated by President Clinton to be ambassador to Chile shortly before former dictator Pinochet’s 1998 arrest in Great Britain. In support of Pinochet’s victims, he soon became an ally of the human rights community in pressing for the Clinton administration to do a special declassification project on Chile.  With his encouragement, the State Department scanned and digitalized some 24,000 records, including those of the CIA, DOD, DIA, FBI and NSC, and developed a search engine and on-line database for those records to be globally accessible the department’s website. He also arranged for a paper copy of all the documents to be brought to Chile for public viewing, and use in legal investigations after Pinochet’s return from London.

As ambassador, he vigorously supported legal initiatives by Charles Horman’s family and those of two other murdered Americans that would encourage the Chilean authorities to investigate and prosecute for their wrongful deaths.  He also hosted an investigative team of FBI, Justice and State Department officials who traveled in the Spring of 2000 to formally investigate General Pinochet’s involvement in the 1976 car-bomb murder in Washington DC of former Allende minister Orlando Letelier and US citizen Ronni Karpen Moffitt, by agents of the Chilean secret police. 

O’Leary graduated from Yale University in 1969 and from Yale Law School in 1974. A Democrat, he served on the Portland City Council from 1975 to 1982.  He was later elected mayor of Portland, where he was instrumental in securing city and community support to build the Portland Museum of Art and a new Portland Public Library. In 1992 he became candidate Bill Clinton’s campaign manager in the state of Maine.

Following his ambassadorship in Chile, O’Leary returned to Washington in 2001 where he became a principal of O'Leary & Barclay, a company that focused on business opportunities between the US and Latin America. He served as president of the Chilean-American Chamber of Commerce.  In one of O’Leary’s proudest accomplishments, he also worked with Goldman Sachs of New York and the Wildlife Conservation Society to create a massive nature conservation reserve in Tierra del Fuego, near the southern tip of South America. In 2008 the Chilean government awarded him the Bernardo O'Higgins medal—the highest honor it bestows on a foreign citizen.

On April 2, 2005, John O’Leary died at age 58 from complications of Lou Gehrig’s disease. He will be remembered as an exemplary diplomat and conscientious man whose commitment to truth, justice and dignity reflects the capability of the United States government to conduct respectful relations with its regional neighbors, and constructively promote the principle of international human rights.

 

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John O’Leary fue embajador de los EEUU en Chile desde agosto del 1998 hasta junio del 2001.  Ese periodo de tiempo coincidió con la detención del General Augusto Pinochet en Londres como también el inicio del proceso legal en su contra después de su regreso a Chile.  Durante ese periodo O’Leary no solamente apoyó la desclasificación de documentos sobre la represión en Chile, él también ayudó a impulsar al departamento de estado de los EEUU a publicar esos documentos en el Internet para que fueran accesibles a los chilenos, a ciudadanos norteamericanos, y al mundo entero.  O’Leary significó un quiebre importante en comparación con anteriores embajadores norteamericanos que había expresado su apoyo a Pinochet y no a las victimas de sus violaciones de derechos humanos.  El embajador O’Leary le dio la bienvenida en su embajada a las víctimas de violaciones de derechos humanos y aquellos que luchaban por la justicia con respecto a los crímenes cometidos en contra de los derechos humanos.  En diciembre del 2000 O’Leary y su talentosa y encantadora esposa, Patricia Cepeda, le abrieron las puertas de la embajada a Joyce Horman para discutir el caso de su marido Charles.  El periodista norteamericano Marc Cooper describió a O’Leary como “la mejor manifestación de la cara de los EEUU al mundo”.

O’Leary fue alcalde de la cuidad de Portland, Maine.  El presidente Clinton lo nombró embajador de los EEUU en Chile poco tiempo antes del arresto de Pinochet en 1998 en Inglaterra.  Una vez que asumió el cargo, O’Leary se convirtió en un aliado de las victimas de Pinochet y la comunidad de derechos humanos cuando  presionó a la administración Clinton para llevar a cabo un proyecto especial de desclasificación de documentos sobre Chile.  El departamento de estado norteamericano para escanear y digitalizar 24.000 documentos, incluyendo aquellos de la CIA, el departamento de defensa (DOD), el departamento de inteligencia de defensa (DIA), la FBI, y el consejo de seguridad nacional (NSC).   Crearon un motor de búsqueda y base de datos para que esos documentos fueran accesibles desde todas partes del mundo.  O’Leary también aseguró que una copia de los documentos originales llegara a Chile para ser visto por el público y usado en las investigaciones que se llevarían a cabo después del retorno de Pinochet desde Londres.

Como embajador, O’Leary le prestó su enérgico apoyo a las iniciativas legales tomadas por la familia de Charles Horman y dos otros ciudadanos norteamericanos asesinados en Chile después del golpe y que resultaron en la decisión de las autoridades chilenas a investigar y perseguir a sus asesinos.  También le dio la bienvenida a un equipo de la FBI que llegó a Chile en la primavera del 2000 para investigar el rol del General Pinochet en el asesinato del ex canciller de Allende, Orlando Letelier, y la ciudadana norteamericana Ronni Karpen Moffitt, acto llevado a cabo en 1976 por agentes de la policía secreta de Pinochet. 

O’Leary se graduó de Yale University en 1969 y de Yale Law School en 1974.  Sirvió como miembro del gobierno municipal en la cuidad de Portland, Maine desde 1975 hasta 1982 en representación de partido demócrata.  Después fue elegido como alcalde de Portland donde jugó un papel clave en asegurar fondos para construir el Portland Museum of Art y una nueva biblioteca pública para esa cuidad. En 1992 asumió el cargo de coordinador de la campaña presidencial para Bill Clinton en el estado de Maine.

Después de haber cumplido con su cargo como embajador a Chile, O’Leary regresó a Washington en 2001 y se convirtió en miembro principal de O’Leary & Barclay, una compañía enfocada en el desarrollo de negocios entre los EEUU y América Latina.  También sirvió como miembro de la cámara de comercio entre Chile y los EEUU.  Uno de sus mayores logros fue la colaboración que desarrolló entre Goldman Sachs de Nueva York y el Wildlife Conservation Society para crear un enorme espacio natural protegido en Tierra del Fuego, cerca del la zona más al sur del continente.  En el 2008 fue honrado por el gobierno chileno con la Orden de Bernardo O’Higgins, el más alto honor otorgado a personas que no son ciudadanos chilenos.

John O’Leary murió el 2 de abril de complicaciones de esclerosis lateral amiotrófica.  Será recordado como un diplomático ejemplar y un hombre de conciencia cuyo compromiso con la verdad, la justicia, y la dignidad refleja la capacidad del gobierno de los EEUU para mantener relaciones respetuosas con sus vecinos de la región, y que en forma constructiva promover el principio internacional del respeto por los derechos humanos.

 

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